En medio del Pacífico, la Isla de Pascua nos recibió con su energía ancestral, sus paisajes volcánicos y una cultura que vibra en cada piedra tallada. Este rincón de Chile es mucho más que moáis: es historia viva, sabores únicos y playas que parecen salidas de un sueño.
🗿 Moáis: los guardianes de piedra
Los moáis, esas imponentes estatuas monolíticas, son el símbolo indiscutible de la isla. Visitamos:
- Ahu Tongariki, el conjunto más grande con 15 moáis alineados frente al mar.
- Rano Raraku, la cantera donde se esculpieron y aún descansan figuras inacabadas.
- Ahu Akivi, únicos por mirar hacia el océano en lugar de tierra adentro.
Cada moái parece susurrar historias de los antiguos rapanui, que creían que estas figuras protegían a sus comunidades.
🪶 Tradiciones ancestrales: Tapati y legado vivo
Tuvimos la suerte de coincidir con el festival Tapati Rapa Nui, una celebración vibrante de la cultura local:
- Haka Pei, una carrera extrema sobre troncos por colinas empinadas.
- Cantos y danzas tradicionales, con vestimentas hechas de plumas y fibras naturales.
- Competencias de arte corporal, donde los cuerpos se convierten en lienzos vivos.
La conexión con los ancestros se siente en cada gesto, cada canto, cada mirada.
🍠 Gastronomía: sabores del Pacífico
La cocina rapanui es sencilla pero llena de alma:
- Umu tahu, un curanto tradicional cocinado bajo tierra con piedras calientes.
- Po’e, un bizcocho de plátano dulce y coco.
- Pescados frescos como tuna y pici, preparados con limón y hierbas locales.
Comer aquí es compartir, agradecer y celebrar la tierra.
🌀 Cultura: identidad que resiste
La lengua rapanui, el arte rupestre, los mitos sobre el dios Make-Make… todo forma parte de una cultura que ha resistido siglos de aislamiento. Visitamos el Museo Antropológico Sebastián Englert, donde aprendimos sobre la escritura rongorongo y los clanes originarios.
🏖️ Playas: arena blanca y aguas turquesa
Sí, también hay paraíso playero:
- Playa Anakena, con palmeras y moáis que vigilan la costa.
- Ovahe, más íntima, con arena rosada y acantilados volcánicos.
Perfectas para relajarse tras días de exploración.