China es un país que despierta todos los sentidos. En este viaje inolvidable, recorrí cuatro ciudades fascinantes: Pekín, Chengdu, Xi’an y Shanghái, cada una con su propia alma, su sabor único y su historia milenaria.

🏯 Pekín: Tradición imperial y delicias culinarias

Mi aventura comenzó en Pekín, donde la historia se respira en cada rincón. Caminar por la Gran Muralla China fue como retroceder en el tiempo: sus piedras cuentan siglos de defensa y orgullo. Pero lo que realmente conquistó mi corazón fue la comida. El pato laqueado a la pekinesa, crujiente por fuera y jugoso por dentro, fue una experiencia gastronómica que no se olvida

🐼 Chengdu: Pandas y picante que enamora

En Chengdu, la ternura tiene nombre: pandas gigantes. Visité el Centro de Investigación de Cría de Pandas, donde estos adorables animales se roban el protagonismo con sus travesuras. Y si los pandas son dulces, la comida de Sichuan es todo lo contrario: picante, intensa y deliciosa. El hot pot local me hizo sudar, pero valió cada bocado.

🛡️ Xi’an: Guerreros eternos y legado imperial

Xi’an me recibió con uno de los tesoros arqueológicos más impresionantes del mundo: los Guerreros de Terracota. . Miles de figuras de soldados, caballos y carros custodian la tumba del primer emperador de China, Qin Shi Huang. Es imposible no sentirse pequeño ante tal despliegue de historia. La ciudad también ofrece sabores únicos, como los dumplings rellenos de cordero y especias.

🌆 Shanghái: Futuro brillante y sabores modernos

Finalmente, llegué a Shanghái, donde el futuro ya es presente. Sus rascacielos, luces de neón y tecnología de punta me dejaron boquiabierto. Visité el Museo de Ciencia y Tecnología, un templo de innovación. . Pero también encontré tiempo para saborear la cocina local, desde los xiaolongbao (dumplings al vapor) hasta los postres con té matcha.

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